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El Volcán de Agua

Nota de María Elena Cornejo
Caretas, 2016

Bajo las rocas del Chachani fluye agua subterránea que origina la Socosani.

Para la mayoría de parroquianos, el agua es inodora, incolora e insípida. Si le ponemos un poquito de atención, veremos que también puede ser dura o blanda, brillante o turbia, con mineralización fuerte o débil, carbonatada o sulfatada, pesada o ligera, dulce o salada.

Evidentemente las diferencias van más allá de la dicotomía con gas o sin gas. Para Alonso Estrada, gerente general de Socosani, las agua se clasifican en dos grandes familias: potable tratada (cualquier agua procesada químicamente con adición de más o menos oxígeno, potasio o sodio) y agua mineral de manantial.

En el mundo debe haber trescientos tipos de agua según su estilo o familia. Y Arequipa, cómo no, tiene la suya propia que le da identidad al arequipeño en particular y al peruano en general.

El pequeño valle de Socosani, rodeado de Yura por todas partes, es un oasis de belleza y serenidad. Allí se encuentran tres ‘ojos’ por donde brota el agua producto de los perpetuos deshielos del volcán Chachani (palabra quechua que significa ‘valiente’, ‘valeroso’) luego de recorrer 36 kilómetros de un sinuoso camino subterráneo recogiendo minerales y sales de ácido carbónico. Una vez en la planta, esta agua natural pasa por diferentes proceso de filtrado antes de ser embotellada.

Se obtiene así un líquido de grandes propiedades minerales (magnesio, calcio, potasio y bicarbonatos) que son recomendables para acompañar la comida peruana. Hay una explicación: los carbonatos secan la boca y devuelven la pureza a los sabores.

Nació así la primera planta embotelladora de agua mineral natural del Perú. Vaivenes y problemas casi la borran del mapa nacional, hasta que en el 2005 una nueva administración asume el reto de modernizar la planta, optimizar los procesos, expandirse a otros mercados y posicionarse con la mejor agua premium del país. Un cuidadoso diseño de etiqueta y una estilizada botella de vidrio marcan el poderoso resurgir de la antigua marca.

botella de agua mineral Socosani entre hojas

La planta tiene más de un siglo de existencia, cuando el químico italiano Marco Aurelio Vinelli recorría la zona a lomo de caballo buscando vetas de mina y se encontró con unos manantiales que brotaban en medio del desierto de Yura. Bautizó el valle como Socosani (vocablos de origen aymara: soco significa carrizo y sani abundancia) y envió muestra del agua a Francia para que la analizaran. Allí certificaron las propiedades minerales añadiendo “que nunca habían probado un agua natural de tan extraordinaria pureza”. El descubrimiento era una bendición.

Aplicando la filosofía práctica de nuestro futbolista el “Puma” Carranza podemos decir que el agua es agua. Pero no todas son iguales.

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